Patologías; O las heridas del vivir.

Porque todo lo malo se pega, y todo lo bueno deja secuelas.
Y es que para vivir hay que sangrar, medrar, sanar y resistirse luego a rascar la postilla. Por eso siempre serán más felices los generosos en tiritas, y parcos en cobardía.
Con el objetivo de difundir esta máxima, ayer, jueves 16 de junio, se pasó consulta de forma gratuita en la Casa de Cultura de Chiclana de la Frontera.


 Inyecciones de papel, escalpelos de serpentina, esparadrapo reflectante… Lo típico.
Los médicos, sudorosos y sonrientes, se frotaban las manos. Los enfermos, curiosos y preguntones, coreaban: “¿Y esto cuánto cuesta?”. Pues si es usted capaz de alargar el brazo, suyo es.
Entre risa y risa, se escuchó algún discurso, algún girasol voló, y rodeados de cuadros de un talento notable, encajes de bolillos y cómics, algún que otro cuadernillo encontró dueño, como si de perrillo en caja se tratará. Válgame la analogía.
Y así, en un ambiente cordial, amable, risueño y caluroso, pasó la tarde en compañía de ilustres e ilustrados, todos felices de poder compartir unas palabras, unas poesías, unos prospectos y algo de refresco y cerveza para acompañarlos.
En general, y sin hospital, mucha sonrisa estirada tratando de rodear la nuca. Esto es; gentes felices y satisfechas compartiendo un buen rato y una parte de sí mismas.
Y hasta el día 24, algún pinchazo más se irá dando; quedan camisas de fuerza de todas las tallas. Así que vayan cogiendo cita.

viernes, 17 de junio de 2011 en 2:32 , 8 Comments

Morla.



Morla, mi pobre Morla.
Que injustos han sido los ojos del tiempo al no querer detener su mirada en ti.
Cuantos sollozos reprimidos, cuantas risas apagadas han acompañado tu silencio. Que pago tan pobre para tan leal servicio. Con que facilidad quebrantamos nuestras memorias en tu nombre.
 Con que fuerza hemos olvidado lo que nadie quería ya recordar.
Y tú; Morla, mi pobre Morla. Solo tú sabes cómo fue siempre hasta que no fue más. Solo en ti perduran los vientos de todos los tiempos, las brisas que ya apenas sentimos. Las mismas que nos recorren con un escalofrío cuando recordamos tu nombre entre sueños.
Son estos remedos de vida enferma todo lo que te ofrecemos a cambio.
Gritaría por ti si pudiera, si aún supiera porque he de hacerlo. Pero entonces recordaría, y eso, Morla, mi Morla, eso no puedo hacerlo.

lunes, 6 de junio de 2011 en 23:11 , 1 Comment